Acompañada del violonchelista Pablo Ferrández, la OSN ofrece un concierto poético y encantador

CDMX a 28 de Mayo de 2018.- Con un programa formado por obras de autores rusos, la noche del viernes 25 de mayo la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) ofreció una velada poética y de encanto en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, espacio que atestiguó el refrendo que hizo el violonchelista español Pablo Ferrández de la maestría y virtuosismo que lo han llevado a ser considerado como uno de los ejecutantes de mayor proyección entre las nuevas generaciones de músicos. 

Bajo la dirección del titular de la OSN, Carlos Miguel Prieto, la agrupación del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) interpretó El lago encantado, de Anatoli Liádov; Variaciones sobre un tema rococó para violonchelo y orquesta, de Piotr Ilich Chaikovski, y la Sinfonía núm. 3, El poema divino, de Alexander Scriabin, un viaje por el repertorio auténticamente ruso.

La sesión inició con El lago encantado, escrita por el ruso Anatoli Liádov, una obra ciertamente encantadora, en la que las cuerdas fueron protagonistas. Breve, sencilla, pero enigmática y ensoñadora (duró apenas cinco minutos), que justifica que este compositor poco conocido en México sea considerado entre los más destacados de su país, a lado de autores como Borodin, Rimski-Korsakov y Mussorgski, con quienes compartió el interés por la música nacionalista.

Esta pieza fue la introducción para la esperada participación del violonchelista español de 27 años, Pablo Ferrández, quien por tercer año consecutivo se presenta en México al lado de la OSN. El galardonado con el Premio Internacional de Música Clásica 2016 al joven artista del año, tomó su violonchelo Stradivarius Lord Aylesford (1696) y sorprendió nuevamente al público mexicano. 

Variaciones sobre un tema rococó para violonchelo y orquesta, de Piotr Ilich Chaikovski, fue la pieza con la que el español hizo gala de su calidad y virtuosismo, cumpliendo la sentencia aquella de los violonchelistas, “esclavos en las horas de práctica y héroes a la hora del concierto”. Más aún, la obra cumplió a cabalidad lo que dicta la partitura: un diálogo respetuoso y cortés entre orquesta y solista, en un connotado homenaje de su autor a la música de su admirado Mozart. 

Cabe destacar que Pablo Ferrández (1991), un músico ya consentido en México, comenzó su trayectoria en grande al ser el primer español premiado en el prestigioso Concurso Internacional Chaikovski, de ahí su apego y preferencia por el compositor ruso. Su carrera ha ido en aumento al grado de registrar más de 50 conciertos en cuatro continentes en tan solo un año.

La OSN cerró el programa 11 de su temporada 2018 con otra obra no menos interesante: la Sinfonía núm. 3, El poema divino, de Alexander Scriabin, quien al componerla entre 1902 y 1904 sumó a los calificativos de compositor filosófico y místico el apelativo de compositor poético, pero también el de tormentoso. 

Y es que los tres movimientos de la sinfonía se intitulan Luchas, Placeres Juego divino. Todo ello se mezcla en El poema divino para destacar el enfrentamiento “entre el hombre esclavo de la idea de Dios y el hombre libre que es Dios en sí mismo”. 

Y, en efecto, El poema divino se tradujo en el Palacio de Bellas Artes en una hecatombe de sonoridades sin tregua en la que participaron activamente las secciones de aliento-metal y percusiones, acompañadas por las cuerdas, aliento-madera y dos arpas. Al final, el público agradeció este concierto, “poético y encantador”, con una larga ovación. 

La experiencia se repetirá este domingo 27 de mayo a las 12:15 en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.

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